Pero el camino sigue…
Ayer por la tarde recibimos el informe del preconteo de las elecciones presidenciales en Colombia. Sin duda, lo que experimentamos los colombianos muestra la manera como el país se está transformando; sin embargo, es preciso anotar que toda transformación conlleva pasiones que hoy se evidencian en la polarización.
Es
necesario tener en cuenta algunos aspectos importantes. En primer lugar, no es
lo mismo hablar de “los nunca” que de “los nadie”. Lo primero fue uno de los
eslóganes que usó el candidato Abelardo de la Espriella para venderse como outsider;
sin embargo, “los nunca” que lo acompañaron terminaron siendo “los de siempre”,
representen o no a sus partidos políticos tradicionales. Desde mi perspectiva,
“los nunca” ha sido solo una retórica mediática usada para convencer a un
electorado con poca memoria o un débil análisis político.
Por otro
lado, “los nadies” fue la expresión que nos enseñó Eduardo Galeano para
reconocer la presencia de los pobres, los vulnerables y los excluidos
socialmente por sus condiciones económicas, raciales o religiosas. “Los nadies”
han estado siempre a nuestro lado como parte del paisaje, pero han sido
ignorados a causa de nuestra falta de empatía. Definitivamente, no es lo mismo
“los nunca” que “los nadies”. En este aspecto, el camino debe seguir del lado
de “los nadies”.
Asimismo,
los resultados no han sido contundentes. Y no lo digo desconociendo el
preconteo; soy consciente de que entre este y el escrutinio final no habrá
mayor diferencia, y me resigno a la idea de que mi país será conducido por el
señor De la Espriella. Pero insisto: la votación no ha sido contundente a su
favor. Las urnas dejan ver que la mitad del país aún tiene la esperanza de
caminar hacia el bien común, mirando a esas periferias donde habita el que
sufre y el que suda a causa de un trabajo duro y, en muchos casos, mal pagado.
Hay una mitad de Colombia que le apuesta a la construcción social, al cuidado
ambiental, al respeto por la dignidad humana y a la sensibilidad propia de
quienes han sufrido la guerra, el conflicto y la pobreza.
La realidad
de un país dividido debe movernos a todos los colombianos al diálogo y al
encuentro de puntos de convergencia para el desarrollo de la nación. El diálogo
se construye mediante la escucha y la confianza; lamentablemente, los discursos
recientes han levantado muros en lugar de puentes. Estoy convencido de que si
somos capaces de dialogar, podemos construir la paz.
Lo
histórico de esta jornada puede estar en el estrecho margen porcentual entre
ambos candidatos o en saber que muchas más personas salieron a votar, pero no
en el hecho de que haya ganado el candidato De la Espriella.
De igual
forma, la historia contará cómo la iglesia se nubló, politizó la oración y
entró en terrenos que no le corresponden. La iglesia, como institución
sociológica de poder, es política y debe ser profética, pero no puede caer en
la politiquería. No puede llevar la fe de sus feligreses al punto del odio, el
dolor o el fracaso. La iglesia debe predicar la esperanza y, cuando decida ser
profética, debe hacerlo con argumentos, no con vísceras ni emociones. La
iglesia no puede, ni debe, teledirigir a su membresía hacia la preferencia por
uno u otro candidato.
Al final,
quien es elegido debe gobernar para todos: para el creyente y para el no
creyente. Aquí no puede haber beneficios exclusivos, porque la iglesia no es
una "nación santa" o un "pueblo escogido por Dios" para
estar por encima de otras estructuras sociales o religiosas, sino para anunciar
el Reino de Dios, que es de justicia y de paz.
Sin duda,
el camino sigue. Quienes trabajamos por la paz y la reconciliación debemos
persistir en nuestros ideales. No podemos bajar la guardia en nuestra forma de
actuar, de enseñar y de hablar. La paz es el camino; y aunque eso sea una
locura para muchos, es la base de nuestra enseñanza cuando predicamos el amor
de Dios. Finalmente, la vida de fe se demuestra mediante la justicia que
conduce a la santidad.
Que este
sea un llamado a seguir el camino que hemos comenzado: el camino de la paz, la
reconciliación y el amor.
Con afecto;
Luis Felipe
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